
Y hay días que sólo vale mirar hacia delante.
Aunque sea por líneas férreas semi abandonadas, por itinerarios que están cerca de pasar a la historia devorados por el inexorable paso del tiempo y el avance de los Avant y los Alvia.
Hay días que los minutos son como traviesas interminables en nuestro particular recorrido hacia ninguna parte y aún así, seguimos avanzando.
Aunque sea despacio, como esos viejos trenes que se esforzaron por mantener su posición entre vías y no pasar a formar parte antes de tiempo de la historia del ferrocarril.
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