jueves, 28 de abril de 2011

Hasta siempre amigo!


Dicen, y algunos cantaban también, que cuando un amigo se va algo se muere en el alma, y sin tener claro del todo si es la mejor forma de explicarlo, lo cierto es que duele de verdad.
Otros podrán pensar o llegar a soltar incluso eso de... "bueno hombre, que sólo era un perro...".
Y yo entonces tendría que replicar y les diría, "no mira, para empezar era mi (nuestro) perro".
Y nunca antes tuve otro perro. Y es más que seguro, aunque nunca se debe decir de este agua no beberé, que jamás tenga otro perro, al menos que mis condiciones de vida en cuanto a vivienda, entorno, disposición y demás cambien mucho o lo permitan y aconsejen.

Para seguir, en estos casi quince años que compartimos aunque los últimos fueran un poco más en la distancia, lo que por otra parte también significa que he pasado más o menos casi la mitad de la vida que recuerdo con él, me ha dado lo suficiente para tenerle en una posición con la que no debería justificarme por gastar más lágrimas de las que nunca derramaré por algún primo, tío o demás familia, compañero de turno o incluso alguno de esos que con ligereza tendemos a catalogar como amigos demasiado rápido, por muy personas que sean todas, ya que en multitud de ocasiones no lo demuestran como sería de recibo entre los racionales.

Supongo que en estos casos lo más fácil, o mejor dicho, lo común, sería sumar líneas con frases repletas de bonitas palabras ensalzando sus virtudes por encima de cualquier otro recuerdo menos bueno, pero creo que para eso preferiría tirar de archivo, de lo que está escrito, por si alguien quiere saber o le interesa conocer un poco más de lo que supone compartir o estrechar vínculos con un ´animal´.
(En este mismo blog hay un par de muestras en febrero de hace dos años)

Pero a la vez pienso...cómo no dejar un último rastro de alguien como el viejo Kid, si incluso el título de este espacio está inspirado en la infinidad de paseos compartidos..... que habitaba en su carácter de perro al igual que cada uno de nosotros lo hacemos en el de persona, configurando de esa forma nuestro paraíso o nuestro infierno...como bien escribía Raúl Rodríguez en una de sus obras, (gracias por tus palabras a tiempo Raúl) y que lo ha llevado por bandera hasta los últimos minutos de su existencia.

Para no estirar esto más de lo debido, en mi manera de expresar lo resumiría con forma de estrofa, de motivos, pues se me ha gastado el mes de Abril buscando soluciones que me permitan sonreír.....y no las he encontrado, aunque el bueno de Messi pusiera su granito de arena la otra noche con algo parecido a cierta justicia poética.
Y ya sé que en la foto yo aún lo hacía, me refiero a lo de sonreír, pero pese al toque ´vintage´ es sólo de un par de meses atrás.

Hasta siempre amigo!
Disculpa por no haber podido hacer mucho más por ti, y sobre todo, por no llevarte ese último trozo de pan un poco más grande, a tu altura.

domingo, 27 de marzo de 2011

Un oasis en medio del ladrillo



Tarde de viernes, la tierra prometida puede estar a un puñado de kilómetros o a un par de manzanas...nunca se sabe.
Pero por lo general y utilizando el argot ciclista, para los que durante la semana vamos quemando etapas de transición aunque sea como ´outsiders´ de lujo, trabajando para empresas que por otra parte son las que cubren a cambio de esfuerzo y sobre todo mucho tiempo nuestras hipotecas, facturas varias y...sí, algunas de esas guitarras caras también, que los de Gibson todavía no me ofrecen por la jeta ni tienen a bien embriagarme con descuentos de postín.......pues eso, que plantarte en carretera al borde del fin de semana con la intención de pluriemplearte en lo que humildemente sientes que puedes dar lo mejor de ti, no deja de suponer algo grande.

En una visita semanas atrás a la recién estrenada vivienda de unos amigos situada en uno de esos barrios emergentes en la periferia de Madrid, le comentaba que en cierta forma no podía evitar el parecido razonable con otras del mismo carácter arquitectónico en lo que casi siempre supone una comparativa un tanto odiosa.
Probablemente para esas edificaciones no, pero tal vez si para sus creadores, de la misma forma que al músico de turno nunca le acaba de agradar que a su estilo o lo que es peor a sus propias canciones, les encasillen con el cartel fácil de "me suena a Fulánez o Mengánez"...
Y todo este rollete, es sólo para situar el lugar donde fuimos a parar con nuestra particular obra, pues el Centro Cultural Blas de Otero se situa en uno de esos enclaves que particularmente no me hace distinguir con facilidad las afueras de San Sebastián de los Reyes de las de el Ensanche de Vallecas o el mismísimo Sanchinarro.

Y en esas, o mejor dicho entre esa amalgama de ladrillo surge el oasis.
Un local situado en los bajos de un edificio de barrio que por su exterior podría pasar por una panadería o negocio similar, pero que encierra la posibilidad de un mundo que se nos hace aparte por momentos.
A pesar de convivir con los típicos problemas que vienen dados por la limitación horaria del ´ruido´ al tratarse de un vecindario, cuenta con una pequeña cafetería en su interior y una planta baja que es un refugio para el arte que puede colgarse de las paredes también.
Y para lo que nos toca, ofrece un reservado salpicado de sillas y mesas donde el espectador puede disfrutar de la cercanía de un escenario con dimensiones más que aceptables para lo que se encuentra en los típicos garitos de noche.

Pero todo eso no es suficiente, me refiero para que el público se acerque como merece a un espacio de esas características, y como necesita también probablemente para seguir respirando.
Intentar convencer a esos chavales que un par de portales atrás estaban dejando las escaleras minadas de vidrios y plásticos de que merece la pena emplear cinco pavos en ver que se cuece tras esas puertas, o al matrimonio de turno que sigue el concurso de Sobera con devoción y cara de hacerse millonario de que hay otros mundos posibles para un viernes noche, tal vez es una utopía.
Como dijo el alimentador del Centro, si entre las más de 120.000 personas que respiran entre Alcobendas y Sanse con su cumplida información buzoneada por uno u otro medio sólo conseguimos arrastrar a una escasa veintena es que algo falla.

Supongo que a veces la cantidad como el tamaño, tampoco es lo más importante, y es más que suficiente con sentirse valorado de una u otra forma por todas las partes que ahí confluyen.
En la retina, aunque no pude fotografiarlo, además de la intensa lluvia que nos acompañó durante toda la noche por la A-6 y demás vías, me quedó guardada una de las citas de Blas de Otero que salpicaban las paredes junto a la mesa de control y que ahora completo.

Hermanos, camaradas, amigos
yo quiero sólo cantar
vuestras penas y alegrías,
porque el mundo me ha enseñado
que las vuestras son las mías.

Ay, aquel que le pareciera
que es fácil mi batallar,
siquiera por un momento
que se ponga en mi lugar.
Qué no quiero yo ser famoso
a ver si tenéis cuidado
en la manera de hablar,
yo no quiero ser famoso
que quiero ser popular.


(Blas de Otero)

jueves, 10 de febrero de 2011

El proceso, o parte.



Dediqué los últimos días del año a recoger en mi multipistas las canciones que había ido desperdigando durante el pasado curso.
Al menos las que consideraba que merecían la oportunidad de salvar su trasero del olvido más inmediato.
Y ahora agradezco esa labor, que por otra parte me ha dado sustento para llegar hasta hoy sin extrañar demasiado el ambiente del local, últimamente bastante cargado de humo ajeno tras la reforma. Como si se hubiera convertido en un subterfugio contra la ley que se avecinaba, lo que probablemente también hizo mella en mi maltrecha garganta para ayudarla a quedar en fuera de juego durante un periodo de tiempo más largo de lo habitual.

Después de varios diagnósticos que se mueven entre la faringoamigdalitis aguda, cuerdas vocales inflamadas y esos virus de estación a los que siempre los doctores van a parar como respuesta fácil sobre la dolencia de turno, me he dado cuenta que llevo acumuladas unas cinco semanas de parón vocal forzoso. Lo cual nunca es demasiado determinante a no ser que tengas la obligación de cancelar unos cuantos bolos que por otra parte, ya se habían caído por su cuenta sin una explicación más lógica que el puro efecto dominó, capaz de llevarse por delante en su recorrido hasta las fechas que parecían más seguras.
Con todo eso por medio, me he sentado a intentar poner orden entre esas pistas, en las que probablemente he volcado más horas y esfuerzos de los que debía para simplemente llegar a disponer un filtro de garantías que me ayudara a colar esas canciones.

Teniendo en cuenta que mi producción se ha moderado con el paso del tiempo y que sólo me he puesto a trabajar con los temas que estaban completamente cerrados, es decir, dejando a un lado melodías inacabadas o apuntes de letras aún sin encajar del todo, me he centrado en cinco canciones que por lo general pueden suponer casi la mitad del equipaje en el recorrido habitual de un disco.
Tanto en ese proceso previo de grabación como ahora abocado en las mezclas, tengo la sensación de que debo dejar ese material lo más fino posible a la vez que me pregunto para qué, es decir, si es para no olvidarlas con una simple toma de acústica y voz es más que suficiente, y si es por enseñárselas a mis compañeros de fatigas para comenzar a darles recorrido en el local pues más de lo mismo. Pero supongo que el hecho de intentar llegar un poco más lejos con ellas, tiene que ver con la desapacible sensación de que no tengo ni la menor idea de cuando podré grabar en condiciones esas y otras canciones que ya estaban esperando (es una cuestión simple de no recuperar inversiones con la autogestión), aunque por respeto a mis oídos con esas próximas escuchas no me apetece dejarlo de cualquier manera.

Así pues, la soledad es el eje sobre el que construyo mi particular edificación pero a eso ya me he acostumbrado, aunque en ocasiones comience casi la casa por el tejado olvidándome de claquetas o bases lógicas para ensamblar posteriormente y con más sentido cualquiera de las piezas.
En el camino disfruto de la vista pero también sufro, y se supone que "lo peor" ha pasado ya, es decir, la canción está alumbrada pero para complementar lo que supone un proceso artesanal en toda regla, es el momento de pegarse con instrumentos que ni mucho menos controlo ni he estudiado como para adentrarme en intentar llegar a un lugar que mis ideas me apuntan pero mi capacidad limita.
Esa soledad de la que hablaba bien entendida claro, al no asociarme con nadie en algo cercano a lo que llaman preproducción. Unas cuerdas de colchón por aquí, una pandereta emulando escobillas por allá, guitarras de doce cuerdas disfrazadas de mandolina, bajos asumiendo alguna base rítmica, teclas para armonizar....... filosofía Juan Palomo en definitiva, pero mejor no pasarse con la sal ni las especias.

Y en esas me sorprendo hablando sólo, bueno, de un tiempo a esta parte más bien con mi asistente de grabación, un viejo muñeco Mazinger con el que solía jugar de pequeño que me está echando un cable a los mandos.....y me río, maldigo y soy capaz de emocionarme también después de sentarme un rato en "el sillón de escuchar" para revisar lo que ha quedado. Eso casi siempre es señal de un gran momento aunque después haya que limpiar cosas.

Supongo que de una forma u otra estoy jugando también, o así prefiero tomarlo por más que mi cuello esté sobrecargado, los dedos digan basta y me piten los oídos, pero volviendo a parar al principio de esta exposición, tengo la sensación de que me estoy divirtiendo mucho más que en cualquier bolo que recuerde de los últimos tiempos, que por otra parte no fueron muchos, o incluso casi que en buena parte de los ensayos con o sin la banda.
Y eso me hace pensar y recordar sobre una pregunta que me hicieron en una de las entrevistas que se dieron tras sacar el disco, en la que me cuestionaban con cual de los procesos disfrutaba más, si el creativo o el de muestra sobre el escenario. Pues ya lo tenía bastante claro, pero desde luego todo esto sólo hace que confirmar aún más lo que pensaba, aunque desde luego estoy convencido también que voy a hacer lo posible para achicar esos espacios.
Pero a veces no puedo evitar dar alguna vuelta más y me pregunto la razón que me lleva a ese lado, cuando por lo general más del 80% de los que se dedican a esto afirman que sobre el escenario es donde alcanzan su particular clímax. Ante todo la música es compartir y de eso tampoco me he olvidado.

Podría seguir derivando esto en escritos varios y charlas con gente en las que este y otros temas salen a relucir con frecuencia, como por ejemplo que muchos de los que piensan que todo vale en medio de esa jungla que es internet, deben creer también que las canciones como parte de este proceso y otros que no cito para llegar a ese resultado final que las enmarca, caen del cielo o surgen en el campo como las setas. Aunque tal vez eso es otra historia que me haría seguir engordando líneas y mi posición es evidente que no tiene nada que ver con la de tipos como Alejandro Sanz, por ejemplo.
Pero de momento y a falta de otros privilegios que lo complementen, me quedo con esta posibilidad que sigo alimentando y por la que doy Gracias una y otra vez. Independientemente de que las canciones resulten más o menos redondas o consigan pasar mi particular túnel de viento (de las cinco ya se ha quedado fuera una), pues a noche de hoy es lo que sigue haciendo que me sienta tan vivo en esto como el primer día.




Bueno, se nota que llevo tiempo sin escribir por aquí, ya me iba, pero con esto igual tengo para otros seis meses...
De fondo pasaban por la tele los resúmenes de la jornada y no pude evitar pararme un momento, no con el crack Messi precisamente. El Liverpool ha ganado en casa del Chelsea, no podía ser de otra forma, y además de convencerme por enésima vez de que el romanticismo en el fútbol hace mucho tiempo que pasó a mejor vida, pienso que tal vez podría intentar hablar con el "niño" Torres para que hiciera ver a su nuevo jefe, ese magnate ruso que parece tener el dinero por castigo, que hay otros destinos donde podría emplear parte de su fortuna...pero claro, ninguno de los dos saben que guardo una canción sobre tirar Desmarques imposibles.


"...intenté buscar espacios por donde no les había con desmarques imposibles,
y aprendí a jugar de espaldas a la portería aunque me gusta ir de frente,
qué más da si quiero volver a apostar al mismo juego,
qué más da si suelo correr con los pies lejos del suelo..."

martes, 27 de julio de 2010

Piedras



Tres días para terminar de liar una canción, tres días y no sé cuantas noches.
Visto así tal vez no parece demasiado, pero quién sabe lo que pesan, lo que arrastran...
Y la 110 casi siempre de fondo, más hacia el Oeste que al otro lado en estos últimos envites, inclinando la balanza que la ciudad como inevitable meridiano local se encarga de cablear buscando una ecualización adecuada con los sonidos que a su vez desnuda la carretera.

Una carretera que para hacer más dinámica, encontramos en ocasiones por la salida de Valdeprados como alternativa de un paisaje de sobra conocido, pero que enriquece por el lado que dobla la Calle de los Rompidos y nos sumerge en un improvisado embudo donde la vegetación generosa, intenta reducir aún más el estrecho pavimento con ejércitos perfectamente alineados de amapolas entre las cunetas, con mezcla de ocres y reverdecidos pastos por las lluvias que no acaban y se hacen fuertes, con esas balas de hierba que empezamos a vislumbrar como satélites desperdigados en la lontananza…

Para acompañar el trayecto, una banda sonora que por momentos se me antoja imprescindible.
El tipo que ha heredado el apellido con más peso y que mejor suena sin duda. Nadie duda de que a Jakob Dylan le saldrían las mismas canciones si arrastrara ese Zimmerman tras su nombre, pero no quedaría tan bien desde luego y…¿acaso yo habría renunciado a ello?

Unas cuantas dudas de última hora con el sonido, más por la sensación de preferir pasarse a no llegar, que por otra parte se limpian cuando uno decide no pedir más favores de los necesarios.
Toca descansar en la medida de lo posible y tratar de no pensar en casi nada más que en todos esos trastos agrupados en el hall para no olvidarse al día siguiente.
Después, una vez allí, entre peceras a veces te sientes igual que un escualo y otras te falta el oxígeno.
Los tiempos pueden estar claros pero las previsiones se estiran como un chicle que te pegan en el zapato los duendecillos del sonido, la informática y demás extras que pueden llegar a descolocarte.

La hora del break con la comida de fondo, es el mejor momento para los que han terminado su tarea, ya relajados y distendidos por más que aún quede un mundo por construir.
Pero si la base es buena todo es más fácil.
Suma y sigue, no mires atrás.
Es el momento perfecto para constatar lo que mejor sabes hacer y lo que no es lo tuyo del todo. Nada nuevo por otra parte.
Y se agotan los plazos y aún falta la voz, y para tratar de paliar el cansancio acumulado sólo vale una cosa aunque algunos dicen que lo suplen interpretando...
Pero si lo que tienes es de verdad, como diría el comentarista deportivo al más puro estilo de Víctor Hugo Morales, te queda pegarla con alma y vida.
Vamos a una toma, no hay margen de error si revisamos en la pista de los coros.

Con la cabeza un poco más fría, esperaremos encontrar después algo de lo que habíamos imaginado.
Queda algún recorrido más por la 110 pero no importa.
Uno de esos soles de cobre de los que habla la canción nos acompaña dando un nuevo matiz al paisaje para hacerlo casi único e irrepetible.
Total, ¿qué son tres días para terminar de liar una canción…?
Bueno, tres días y no sé cuantas noches.

Supongo que va siendo hora de que esas Piedras comiencen a rodar, aunque por lo visto será más fácil que lo hagan lejos de casa.

viernes, 2 de julio de 2010

Día de la Música



He podido celebrar el Día de la Música supongo que de la mejor forma.
No quiero decir la única, pues también podría haberlo hecho entre las cuatro paredes de mi habitación, en un parque solitario, en el local de ensayo o bajo la ducha, aunque esa opción la verdad es que no suele darse. (Me refiero a cantar ahí).
Pero por lo que de compartir con la gente tiene cualquier tipo de celebración, supongo que hacerlo sobre un escenario siempre supone algo extra.

En realidad tal vez me lo había ganado por ese tipo de situaciones que sin buscarlas, se dan cuando haces algo simplemente por eso que llaman el "Love to Art" o amor al arte...(acciones demasiado habituales por otra parte).
Una noche de invierno cualquiera, de esas que no apetece salir de casa te plantas en una sesión de micro abierto de un bar que no frecuentas habitualmente por la ciudad, y te haces un par de canciones que llaman la atención de un par de tipos, que a los seis meses como por arte de magia se acuerdan de que existes y te llaman para invitarte a que te largues a su territorio para compartir con ellos esa Fiesta de la Música.
Conclusion: hay que tocar, aunque la mayoria de las veces te lo pongan la mar de difícil.

Allí nos hemos cruzado con otros que casi lo han conseguido, o sin casi, o que al menos hacen una celebración más que habitual con esas agendas que son la envidia sana de cualquier músico con el estuche a punto de coleccionar telarañas.
Unos días más tarde, a la par que nuestra ciudad se rendía embobada a los pies de Sabina, pudimos comprobar su buen hacer abriendo para Chris Isaak en Madrid, en lo que supuso otra autentica vía de escape con parada y fonda musical.

Esperemos que estas se sucedan y nos sigan pillando por medio.

lunes, 22 de febrero de 2010

guitarras sin cuerdas


Conocí a un tipo que me aseguró cambiarlas después de cada concierto.
Y eso con su agenda de actuaciones, en el peor de los casos era hablar de una vez al mes, más o menos.
Desde luego nunca me he manejado en esas frecuencias, ni de cerca.
Hay guitarras que te invitan más que otras en cualquier caso, pero nunca ha sido una de mis tareas favoritas y con esa pelirroja va a ser como para pensárselo más de tres veces, aunque decida dejarla con la mitad de las que puede disponer.

Cada cambio de cuerdas cierra una etapa de todas formas, pero claro, siempre que no sean demasiado cortas...
Sobre todo de canciones, incluso de las que has parido aunque no hayan llegado a los oídos de la gente, de los conciertos que han arrastrado, de sus viajes, de las personas con las que te has cruzado y de una forma u otra se han deslizado por ellas contigo, soportando o disfrutando su tensión hasta llegar al límite en ocasiones...a romperse en tus manos.
En definitiva pequeños tramos de tu propia vida por las que te has dejado los dedos con independencia de sus grosores y entorchados.

Tal vez sea la razón por las que al quitarlas, acabo haciendo una espiral con ellas hasta llegar a sus puntas despeinadas para terminar colgándolas en cualquier lugar visible que me recuerde un determinado momento, una de esas parcelitas que habitaba con más o menos recorrido y en el que casi todo el sentido o la ilusión pasaba por ellas.

De cualquier forma, lo fundamental sobre todo es no tener esos mástiles demasiado tiempo como una autopista en la que resultaría imposible circular sin delimitar los carriles.

lunes, 8 de febrero de 2010

la paciencia de las canciones


Esa foto en el local, de una mañana gris de un domingo cualquiera, es sólo un pequeño homenaje a esa paciencia casi infinita que tienen algunas canciones conmigo.
Era verano, más bien al principio, así que después de más de medio año en la nevera sin una concesión a servirla bien fría y presentarla en público, tal vez por miedo no a quemarla, pero si a que se calentara antes de tiempo por no dedicarla ese momento cuando de verdad tuviéramos tiempo o cabeza para ello, hoy la hemos sacado a pasear en la intimidad más absoluta pero con toda la naturalidad, la ilusión y las ganas acumuladas esperando que no nos volviera la cara.

No hace demasiado comentaba a una amiga querente de la música en general, tener cierta sensación de haber hecho demasiadas canciones para viajar a ninguna parte. Ahora me atrevería a decir que ´doble o nada´ se librará con seguridad de pertenecer a ese club de malditas, y es muy probable que ruede con nosotros durante mucho tiempo, y que si las cosas se dan como deben no tendrá problemas para formar parte de la lista de convocadas en un próximo trabajo, quien sabe si incluso con posibilidad de titularlo, aunque eso es mucho decir a estas alturas.

Probablemente de esa misma paciencia que tuvo ella hasta que pudo salir del cajón, (algunos replicarán si podía hacer algo para evitarlo), deberíamos intentar hacer gala todos en determinadas situaciones cotidianas, yo mismo por ejemplo hasta que pueda tener la oportunidad de grabarla como dios manda sin pensar en trenes o aviones que pasan.

Mientras tanto, nos conformaremos con intentar disfrutar de lo que nos ofrece, que tal vez no es mucho más de lo que nos dieron o aportarán otras que lleguen, pero al menos ya no tengo dudas con ella, ya sé lo que puede dar y lo que está claro aunque muchos no se dan cuenta, es que eso no habría sido posible de no tener un par de personas al lado pidiendo carne fresca, lobos hambrientos de oxigenar repertorios, tipos necesarios en momentos donde por lo general el compromiso brilla por su ausencia y los kilómetros acumulados no tienen que justificarse al volver a casa con determinadas sensaciones de llenazo. Lo demás se resume en un vistazo a un patio sin demasiadas luces, de vuelta ya de balances con situaciones, cifras y letras dictadas por gente que te deja lejos de lo que verdaderamente merece la pena.


´No es cuestión de fe,
no es ni siquiera consecuencia del placer
ni la tarifa que te exige un corazón con síntomas de desengaño´


Tampoco es el final de nada, sólo el principio de la canción.