
Hacía mucho tiempo que no se las veía juntas.
Era de las veteranas y llevaba mucho por aquí, pero a la vez la que menos había vivido de todas.
Nunca iba a las excursiones, jamás había salido a una fiesta de esas donde tarde o temprano se pierde la ingenuidad...
Y no es que sus compañeras no la ´ajuntaran´, o la hicieran de menos constantemente ante cualquier situación de esas en la que se aprovecha el riff de turno, o el sólo más brillante para salir a pasear y tratar de lucir sus mejores encantos...
Aunque ella tenía un severo complejo de desafinación que la hacía quedarse en casa mientras las demás disfrutaban de las puestas de sol en maleteros abarrotados, y se bebían cervezas en locales de ensayo y tragaban humo en los bares de noche.
Ella siempre entre cuatro paredes, al servicio de canciones en proyecto cogidas con alfileres, semillando el terreno con mimo para que después llegara cualquiera de las otras con sus tacones a drenarlo y lucir palmito ya con el tema cerrado para llevarse los flashes.
Pero su momento de gloria llegó por fin en una gran cita.
Se acercaba ya el tiempo de descuento en la grabación de una opera prima y quedaba un sólo por cerrar, el de la última canción del disco que pondría la guinda al pastel si es que encajaba esa melodía.
Y a pesar de todo, de ese lastre que había sufrido durante años como una enfermedad crónica, de ese complejo que ya consideraba perpetuo, estuvo en su sitio en el momento adecuado para disponer de esos minutos sobre los que Warhol siempre hablaba.
Casi cuatro meses para encontrar un clavijero sólido y de garantías que estuviera a la altura.
Con Alberto estas cosas ya se sabe que necesitan paciencia, pero es un crack.
Y además tengo un master en eso. (en paciencia, no en lutheria por supuesto)
La otra tarde en el local, sobre la tarima de la batería, Javi dijo algo así como que debería guardar la ´tele´ por una temporada en el armario y llevar esta, que era mucho más guapa...
"Lo que tiene que hacer es sonar bien", le espeté.
No sé de que me suena esa frase.
Pero supongo que ya la queda menos para disfrutar esas sensaciones que sus amigas tantas y tantas veces la contaron de regreso a casa.
A la vuelta del ensayo, cuando nos quedamos solos tras dejar a Quino, miré a través del espejo retrovisor y utilizando un símil futbolístico la dije,
´calienta nena, que vas a salir´.
Está claro que es una vitud saber esperar tu momento.
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