
Que la vida no es fácil, o que el dinero no da la felicidad aunque en ocasiones ayude, son tópicos entre otros tantos que están casi siempre en primera línea de salida y con los que caminamos habitualmente, pero no toman su sentido más amplio hasta que nos bajamos de nuestra particular nube para planear con ellos a ras de suelo.
Supongo que la fuerza y el valor para encarar una situación de verdadero riesgo, para mirar de frente y no perder la cara al rival por duro que sea, es parte de la clave que puede hacerte salir airoso en determinados envites. A pesar del miedo en algún momento, ese miedo que es el peor aliado para cualquier batalla aunque por otra parte sea lícito sentirlo, porque también es de los valientes cuando a pesar de todo deciden enfrentarse a él.
No, la vida no es fácil, y para algunos lo es mucho menos aunque no pretendo a estas alturas ponerme melodramático.
Pero como acuñó el gran Andrés Montes, "puede ser maravillosa", al menos en ocasiones, esas que hay que saber valorar y disfrutar en la medida de lo posible aunque el recorrido se asemeje a una carrera de obstáculos en la que aparecen con frecuencia demasiados jueces dirigiendo el destino de las medallas y dejando un buen puñado de sombras alrededor.
Tal vez por eso se agradece el doble que alguien se detenga en mitad de su camino para simplemente escucharte, tenderte la mano o abrir una puerta y aportar un poquito de claridad en definitiva, aunque sea a través de ese pequeño haz de luz que en mitad de la noche cerrada proyecta una linterna.
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